Diario de un desayuno




Hace unos días volví a la consulta del reumatólogo, últimamente esas visitas eran mi rutina, pero en esta, me aumentó las dosis de mis pastillas.
El café con leche humeaba, mi hijo desayunaba sus crujientes cereales chocolateados mientras yo suspirando miraba las nuevas pastillas que debía desayunar.
-  ¿Mamá, ahora tomas más pastillas?
- Sí cariño
- ¿ Y por qué?  
- por qué me pregunto yo cuando las miro.
- ¿Mamá, estas dos pastillas blancas pequeñitas, para que son?


No sabia que contestarle e intentando olvidar mi realidad le contesté:
- Pues.... son para hacerte hablar por las mañanas...


Mi hijo dejó de desayunar y mirándome a los ojos me dijo:
- Mamaaaaa....eso no es verdad
- Mamá, ¿ y esta pastilla rosa para que la tomas?
- La rosa ehhhh.... la rosa es recargar los besos y achuchones... que tengo que darte a lo largo del día. Si no la tomara, no tendría para darte.
- Mamá... jooooo .....
- y esa otra gordota blanca, ¿para que es?
...Esa es la que me hace ponerne de mal humor cuando no tomas tu desayuno..... ¡cómo ahora mismo, bichito!!!
- Pues mamá, ¡esa mejor que no te la tomes, así no tendrás mal humor!


- Mamá, ¿esas azules son nuevas?
- Sí cariño, son nuevas
- y ¿ por qué las tienes que tomar?
- Pues sabes cuando le dije al medico lo trasto que eres.... me dijo que me tomara estas pastilla
- Mama pero yo no soy un trasto... solo soy un niño...
- Pues entonces eres un trasto de niño... jajajaaaa
- Esta es para la paciencia, ¿ves? por eso me tengo que tomar dos. Por que contigo la paciencia se esfuma, se me acaba antes de tu debores esas magnificas magdalenas con pepitas de chocolate que tanto te gustan.
Mi hijo soltó una risita


- ¿ Y la otra azul mamá?  esta, la grandota- dijo señalándola con su pequeño dedo regordete.
Esta como es la más grande de todas es para tener energía... y ¡para comerte mejooorrrrr!
- Mamá para anda...¡que no puedo desayunar!- refunfuño mientras me lo comía a besos
- Pero si tendrás cara, ahora me dices que no te dejo desayunar... pero si eres tú él que para de hacerme preguntas.
- Anda acaba ya, ves a lavarte y vístete rápido, ¡ qué sino llegaremos tarde al cole!. Venga Pablo, ¡qué como vaya yo... te vas a enterar de lo que vale un peine!

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