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Amante Celosa

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Como amante celosa nos envuelve con sus gélidos abrazos. Su húmeda respiración acaricia nuestros cálidos rostros atravesando nuestra piel y enfriando nuestro calor. Tu aterida estampa seduce nuestros sentidos, cegando nuestras miradas. Nos rodea con su halo y nos transporta con su fría brisa a su mundo invernal lleno de misterios y numerosas fantasías.
Y aunque glacial es su corazón, reaviva en nosotros la llama de la imaginación. Los pies, como seres autónomos, nos adentran en su mundo. Imaginamos historias, nos envuelven sus sentimientos, sentimos con sus personajes... sin querer nos volvemos ellos. Los personajes que imaginamos se adueñan de nosotros confundiendo a nuestra mente. Nos engaña y nos ofusca... y en brazos de la celosa amante me pregunto:

¿Qué es realidad?, ¿Qué es ficción? y con una risotada como respuesta nos mece volviéndonos a nuestra realidad...habiendo depositado pequeñas semillas de creatividad...






Concurso "Mil Palabras"

El inexorable paso del tiempo

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Quisiera retener el inexorable paso del tiempo, deseando que siempre estés a nuestro lado.  Observo y casi sin darme cuenta ya nos has abandonado. 
Ya no quedan hojas en los árboles, el impetuoso inverno llegó antes de hora mostrando su cara más fría. Ya no puedo sentir tu fresco aliento en mi cara mientras paseo por las hojas caídas. Arrastraba los pies sumergiéndolos en ellas y deleitándome con sus suaves murmullos al caminar. 
¡¡Era un momento mágico!, y aún sabiendo que volverás, que dentro de un año te volveré a sentir, siento ya la añoranza de haberte perdido.
El viento frío del invierno se entretiene revolviendo mi pelo. Trisca colándose por mis rizos deslizándose por ellos, como un niño se dejar caer por la rampa de un tobogán. Juguetea,  juega conmigo viene y desaparece...



Un remolino me obliga a girar la cabeza y mis ojos se detienen, por un momento pensé  que el tiempo se había detenido un instante ante mi, ofreciéndome la increíble fusión de mi añorado otoño y del irrefrenable…

Capítulo 1º,"Flores Blancas"

Esperaba sentada, en una de las varias sillas vacías que había en la terraza, a la espera de que el camarero le trajera su habitual cappuccino matutino. Sabrina miraba relajada, cómo las pequeñas nubes se movían danzando por aquel cielo veneciano, mientras los minúsculos rayos de sol jugaban a hacer figuras en el Campo di San Polo. Una suave brisa primaveral acarició su cara meciendo ese rizo negro que siempre se le soltaba. Sabrina miró hacia la puerta de la cafetería ansiosa por degustar su cappuccino. Sus miradas se encontraron y el amable camarero muy sonriente le dijo: -Su cappuccino, señorita -Muchas gracias- contestó Sabrina mientras sacaba las monedas para pagarle.

Se sentía satisfecha, desde que había llegado a Venecia se había demostrado a sí misma que ese intenso año estudiando Italiano estaba dando sus frutos. Se desenvolvía con soltura en un país que no era el suyo, con una lengua que no era la materna. Se encontraba a gusto, tan bien que a veces olvidaba su país, su tierra …

La Casa

Aparcó el coche en una de las calles adyacentes del caso antiguo. Llegaba tarde a su cita, cogió con prisa el bolso y la nota que tenía en el asiento del copiloto. Cerró las puertas y se encaminó presurosa por la estrecha calle que tenía a su derecha, mientras el sol que se colaba por los tejados revivía ese entorno sombrío. Hace tres días, Lucia recibió una llamada en su inmobiliaria de alguien que quería vender su casa. Al otro lado del teléfono, una voz dulce, pero a la vez llena de energía le preguntaba si podría desplazarse hasta Barbastro. Aquel hombre de voz jovial se presentó como Miguel. Se sintió cautivada por aquella desconocida voz decidiendo, movida por la curiosidad, hacerle un hueco en su apretada agenda. Intentó acelerar sus pasos, pero el empredado de la calle hacía que fuera una lucha difícil pues sus tacones se encajaban entre los pequeños huecos de las piedras. En su caminar, Lucía observaba las típicas casas de un barrio antiguo; pequeñas, grandes, reformadas, viej…

Carta de amor

Cariño mío:
En estos días de primavera, cuando el sol con sus tibios rayos calienta mi rostro, siento la imperiosa necesidad de expresar el remolino de sentimientos que experimento en mi interior. Escribo a corazón abierto para ti porque temo que se desvanezca la intensidad con la que ahora lo siento y cuando puedas comprenderme, no pueda transmitirte con vehemencia todo lo que siento en estos momentos. Sé que tardaras muchos años en poder leer esta carta y todas las sucesivas, pero no quiero dejar volar las infinitas sensaciones que noto al pensar en ti. Y aunque estas palabras no puedan expresar la magnitud de mi amor, por lo menos sé que estas cartas serán testigos de un ínfima parte de todo lo que siento arremolinado en mi corazón. Jugueteo con el bolígrafo en los dedos y me regodeo imaginando tu dulce rostro y, sin haberte conocido, siento que ya te amo. Noche tras noche noto como me robas el sueño, pero no te culpo. Al contrario, te agradezco ese momento que me permite continuar soñ…